Los ojos de Gael se incrustaron en ella y la miró perturbado. El hecho de que Nayla tomara la muerte tan a la ligera lo exasperaba, pero al final no era difícil de comprender pues ella nunca había tenido que enfrentar a la muerte tan de cerca y por esa razón tendía a mencionarlo como si no fuese nada.
—Váyase, por favor —apuntó a la puerta con el dedo.
—Si pretendes echarme, hazlo, porque no me moveré de aquí —Nayla tomó asiento en el borde de la cama y se cruzó de brazos.
—Entonces dormiré en