C26: NO TE IRÁS.
Sigrid abrió los ojos de golpe y, durante un segundo, no comprendió qué era lo que había despertado su alarma interna. Luego lo entendió: la habitación ya no estaba sumida en la oscuridad protectora de la noche.
Una claridad tenue, filtrada por las cortinas, bañaba el espacio con una luz pálida. Seguía allí. Seguía en la alcoba con el Alfa, y ya había amanecido. Ese pensamiento le recorrió el cuerpo como un estremecimiento helado, y el miedo se le instaló en el pecho con una presión sofocante.