Sigrid respiró hondo, intentando reunir todo el valor que le quedaba, y finalmente se separó un poco del cuerpo del Alfa.
—Lo siento, Alfa… yo no puedo —susurró.
Con un esfuerzo evidente, se levantó de la cama y su cuerpo desnudo se movió con rapidez. Su largo cabello oscuro que le llegaba hasta la cadera, y que habitualmente mantenía recogido para cumplir con su posición como simple empleada de la Luna, ahora caía libremente, cubriéndole el rostro. Esa cortina de cabello le ofrecía un mínimo r