—Africa, no digas tonterías —impuso Asherad—. Nuestro matrimonio no está basado en sentimentalismos ni en romanticismo. Tenemos una misión que cumplir. De nosotros depende nuestro linaje.
Africa sintió que una punzada aguda se alojaba en su pecho. Las palabras del Alfa no dejaban espacio para interpretaciones: su función dentro del Clan era clara, y cada fallo era una amenaza a su posición y, posiblemente, a su vida misma.
—Y tu misión principal es la de concebir un heredero que, hasta ahora, no has cumplido —agregó Asherad con frialdad—. Has perdido varios cachorros y no te has vuelto a embarazar, a pesar de todas las noches que hemos pasado juntos. Así que déjame decirte que tu posición empieza a tambalear.
Africa tragó saliva con dificultad. Su mirada se posó otra vez en el piso, incapaz de sostener la intensidad de los ojos de Asherad. Sentía cómo su responsabilidad la aplastaba, cómo el peso de su fracaso personal y biológico se hacía tangible.
—He perdido a mis cachorros por ci