Cedric inclinó la cabeza en señal de obediencia. Se levantó, caminó hacia la puerta y la abrió con cuidado. Al ver a África, su postura cambió: aunque era su hija, ya no podía tratarla como tal. Ante él estaba la Luna del Clan, la esposa del Alfa.
—Mi señora —dijo con respeto—, puede pasar.
África respondió únicamente con un leve asentimiento de cabeza, sin palabras, y cruzó el umbral. Cedric se retiró de inmediato, cerrando la puerta tras de sí con discreción, dejándolos completamente solos.
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