C20: NO PUEDES HACER NADA SIN QUE YO LO SEPA.
África no respondió al instante. Su expresión se volvió distante, absorta, y su mirada se perdió en algún punto indefinido de la habitación. La conducta del Alfa, vista en conjunto, comenzaba a adquirir un matiz que África no había considerado con claridad hasta ese momento.
Nada de lo que Asherad había hecho últimamente encajaba del todo con la frialdad a la que ella estaba acostumbrada. Había sido extraño que exigiera que permaneciera a su lado hasta el amanecer, extraño que no permitiera que la loba se marchara después del acto, extraño que quisiera despertar acompañado. Más extraño aún había sido que, por primera vez desde su matrimonio, ella hubiera tenido que dormir a su lado y amanecer junto a él, no por una obligación impuesta desde fuera, sino porque el propio Asherad se había negado a dejarla ir.
Su mente comenzó a reconstruir los hechos, uno por uno, como piezas de un rompecabezas inquietante. Recordó cómo él había aparecido la otra mañana en su alcoba, cómo se había subido