C159: NADIE SE LO HABRÍA CONFESADO.
Los lobos jurados intercambiaron miradas tensas entre sí, incómodos, conscientes de que aquella reacción había traspasado los límites habituales del juicio. Sin embargo, el juez no apartó los ojos del Alfa ni un solo instante. Su mirada permaneció fija en Asherad cuando tomó la palabra.
—El hecho de que haya sido obligada, forzada a cometer esos actos, no la exime de sus faltas, Alfa. Lo que hizo es de extrema gravedad. Concebir un hijo y entregárselo a la Señora Luna para hacerlo pasar como su