C14: UNA LUNA QUE NO DA HIJOS NO SIRVE.
Mientras tanto, en otra ala de la mansión, Morgana había llegado de visita. No tenía prohibido ver a su hija; jamás se le habría negado ese derecho. Sin embargo, tanto ella como Cedric comprendían perfectamente que esa cercanía debía ser medida.
África ya no era solo su hija: era la Luna de la manada, la esposa del Alfa, una figura central dentro de la jerarquía. Esa posición exigía respeto y distancia, incluso de quienes le habían dado la vida. Las visitas no podían ser constantes ni invasivas, y debían ajustarse a un protocolo implícito que todos conocían y aceptaban.
Esa realidad había transformado la relación entre padres e hija. Cedric, en particular, había asumido con disciplina ese cambio. Le hablaba con formalidad, sin la familiaridad de antes, y jamás se permitía reprenderla o aconsejarla como solía hacerlo cuando ella aún no estaba casada.
Ya no estaba en posición de hacerlo. Dentro del orden del Clan, África se encontraba ahora por encima de ellos, y ese orden no podía romp