Asherad se encontraba solo en el estudio cuando regresó. Cedric ya no estaba allí. Permanecía sentado detrás de su escritorio, con las manos entrelazadas y elevadas cerca de la barbilla, con la mirada fija en un punto indefinido, como si sus pensamientos fueran demasiado densos para dejarle notar el paso del tiempo.
Estaba profundamente absorto, reconstruyendo una y otra vez los acontecimientos que había descubierto, cuando un golpe suave en la puerta lo sacó de su ensimismamiento.
—Adelante —dijo, sin moverse.
La puerta se abrió con cautela y una empleada asomó la cabeza antes de entrar por completo.
—Alfa… el guardia Oliver está aquí —anunció con respeto.
—Que pase —ordenó Asherad.
La mujer se retiró, dejando que Oliver entrara al estudio. La puerta volvió a cerrarse tras él. El guardia avanzó unos pasos, se detuvo frente al Alfa y realizó una reverencia.
—Alfa —saludó—. He venido tan pronto como me lo ordenó.
Asherad lo observó en silencio durante unos segundos, evaluándolo, como s