África estaba golpeando el pecho de Asherad una y otra vez. Sus manos chocaban contra su pecho con insistencia, hasta que Asherad le sujetó ambas muñecas para detenerla.
—¡Basta! —ordenó—. ¡Basta, África!
—No lo entiendo… —dijo ella—. ¿Cómo pudo fijarse en esa mujer? ¿Cómo, Alfa? Me negó una y otra vez que fuera su amante, sin embargo la tomó como tal. Jamás creí que usted sería capaz de interesarse en una hembra como esa. Yo los vi, se estaba revolcando con ella en el comedor, ¡sobre la mesa!