El silencio tras la confesión de mi padre era ensordecedor. Mi corazón latía desbocado, y mis pensamientos eran un torbellino de confusión y dolor.
Lo que Eirik sabía pero su madre no le había permitido decirme, era lo mismo que mi padre me había dicho ¿o estoy confundiendo las historias de la madre de Eirik y la mía?
— ¿La verdad no tiene el sabor que pensabas, Lyra?
La mirada y la risa de lado de mi padre le daba un aire de crueldad que no lograba ente