La noche con su manto oscuro lleno de estrellas iluminaba el bosque con destellos plateados y dorados.
Eirik y yo permanecíamos en el claro, envueltos en un silencio que no necesitaba ser roto. Su historia seguía resonando en mi mente, como si cada palabra suya fuera una nota de una sinfonía que aún no entendía del todo.
Eirik era hijo de una loba. Y no cualquier loba, ella le había dado la espalda a su manada por amor a un humano.
Eso, aunque podía entend