El trayecto desde las alturas protegidas de la colina hacia el corazón del distrito financiero se realizó bajo un sol abrasador que hacía reverberar el pavimento de la avenida costera. El calor del exterior parecía derretir el horizonte, pero dentro del sedán blindado, la atmósfera se mantenía a una temperatura gélida, cortada únicamente por el zumbido monótono del aire acondicionado y el golpeteo rítmico de los dedos de Ricardo sobre su pantalla táctil.
Esmeralda observaba el paisaje urbano d