Al cerrarse las puertas de la oficina presidencial, el silencio del piso 40 absorbió el eco de las órdenes corporativas. Ricardo se retiró de inmediato hacia el ala oeste para enlazar las líneas con el muelle viejo, dejando a Esmeralda sola en la inmensidad de su despacho. Sin embargo, la línea directa con la mesa de negociaciones no tardó en parpadear en rojo sobre el escritorio de cristal.
Antes de presionar el intercomunicador, la puerta lateral de la oficina se abrió de golpe. Emilio entr