La madrugada avanzó con la lentitud propia de los lugares que han encontrado su ritmo. Tras arrullar a la pequeña Victoria Aurelia y devolverla a la calma de su cuna, Esmeralda regresó a la cama. El resto de la noche transcurrió en un letargo pacífico, con los cuerpos de ambos entrelazados bajo las sábanas, buscando el calor del otro de manera inconsciente cada vez que la brisa marina enfriaba la habitación.
Cuando los primeros destellos plateados del amanecer comenzaron a filtrarse por las r