La corrección de Ricardo flotó en el aire de la oficina principal, fría, analítica y desprovista de cualquier matiz romántico. Fue un golpe de realidad que borró de inmediato el espejismo de las playas del Caribe y los folletos turísticos que la gran corporación siempre utilizaba como fachada para sus inversores internacionales.
—No estás en Cancún, Esmeralda —dijo Ricardo, señalando el mapa geopolítico digital que parpadeaba con líneas de seguridad en la pantalla lateral de la sala de juntas