El silencio que dejó la partida de Emilio se instaló en la oficina como un peso físico. Ricardo no se movió de su posición junto a la pantalla digital; sus ojos escanearon los últimos movimientos del mercado de Aurelia, viendo cómo las acciones de la naviera comenzaban a fluctuar salvajemente tras la liberación de los activos del Fideicomiso.
—El mercado está reaccionando exactamente como predije —dijo Ricardo, quebrando la quietud con su tono monótono e implacable—. Al disolverse el monopoli