La oscuridad del túnel de escape los golpeó de frente, pero el verdadero vacío estaba entre ellos.
El chirrido pesado de la puerta metálica al sellarse a sus espaldas apagó casi por completo el estruendo de los disparos y las ráfagas de afuera, dejando únicamente el sonido de sus respiraciones agitadas y el eco de sus pasos apresurados sobre el concreto frío.
Emilio encendió la linterna de su teléfono. El haz de luz blanca cortó las tinieblas del pasadizo subterráneo, iluminando las paredes