El silencio dentro de la habitación fue absoluto.
Nadie respiró.
Nadie parpadeó.
Las palabras de Gabriel parecían imposibles.
—La encontramos.
Y después...
—A Catalina Villarreal.
Esmeralda sintió que el corazón dejaba de latir.
No.
No podía ser.
Simplemente no podía.
Porque apenas unas horas antes habían abierto una tumba vacía.
Porque apenas unas horas antes habían descubierto que toda su vida estaba construida sobre secretos.
Y ahora...
La mujer que llevaba décadas desaparecida acababa de ap