Nadie durmió aquella noche.
Ni Emilio.
Ni Esmeralda.
Ni siquiera los guardias que patrullaban la propiedad.
El mensaje seguía grabado en sus mentes.
"Mañana recibirás mi verdadero saludo."
No era una amenaza impulsiva.
No era una broma.
Era una promesa.
Y eso la hacía mucho más peligrosa.
A las cinco de la mañana, Emilio ya se encontraba en el despacho.
Revisando reportes.
Hablando con expertos en seguridad.
Moviendo contactos.
La mansión parecía una fortaleza.
Sin embargo, una sensación persis