El tiempo pareció detenerse.
Esmeralda permaneció inmóvil.
Su respiración se volvió errática.
Su corazón golpeaba con tanta fuerza que apenas podía escuchar otra cosa.
—¿Sebastián...? —susurró.
El escolta asintió.
—Está vivo.
Las lágrimas brotaron nuevamente de los ojos de Esmeralda.
Después de toda una vida creyéndose sola...
Después de perder a sus padres...
Después de perder a su abuelo...
Existía alguien más.
Un hermano.
Su sangre.
Su familia.
Pero la emoción duró apenas unos segundos.
Porq