El tiempo se detuvo.
El dedo de Adrián descansaba completamente sobre el detonador.
Una sola presión.
Un solo movimiento.
Y toda la propiedad Villarreal desaparecería en una explosión capaz de convertir aquel lugar en una tumba ardiente.
El beso entre Emilio y Esmeralda se rompió abruptamente.
Pero ninguno de los dos se separó realmente.
Seguían aferrados el uno al otro.
Respirando agitados.
Con las frentes juntas.
Como si inconscientemente ya estuvieran despidiéndose.
Los escoltas levantaron s