El disparo partió la noche como un relámpago.
Todo ocurrió demasiado rápido.
El eco de la bala retumbó entre las llamas mientras Esmeralda permanecía aferrada al pecho de Emilio, completamente cubierta por él. Durante un segundo eterno, el mundo pareció congelarse.
Nadie respiró.
Nadie se movió.
Y entonces…
Adrián Villarreal soltó el detonador.
El aparato cayó al suelo húmedo del jardín en cámara lenta.
Click.
Las luces rojas comenzaron a apagarse una a una.
El disparo había impactado directame