El humo comenzaba a cubrirlo todo.
Las llamas rugían alrededor de la mansión Villarreal mientras fragmentos ardientes caían desde los balcones superiores como lluvia infernal. Los gritos de los equipos tácticos se mezclaban con las sirenas y el crujido de la estructura colapsando lentamente.
Pero para Esmeralda…
Todo se reducía a una sola sensación.
La mano de Emilio sosteniendo la suya.
Fuerte.
Cálida.
Inquebrantable.
—Confía en mí, pequeña.
Aquellas palabras se quedaron clavadas en su pecho.