El incendio seguía consumiendo la propiedad Villarreal a la distancia, tiñendo el cielo nocturno de un rojo infernal. Desde la mansión, las llamas parecían un monstruo devorando décadas de secretos, dolor y sangre familiar.
Pero dentro del salón principal…
Algo todavía más peligroso acababa de despertar.
Esmeralda Villarreal ya no temblaba.
Las lágrimas seguían húmedas sobre sus mejillas, pero sus ojos habían cambiado. La joven dulce que servía café y evitaba los conflictos estaba desapareciend