—¡Esa maldita muerta de hambre! —gritó Caricia fuera de sí.
La tableta salió disparada de sus manos y se estrelló contra la pared de la biblioteca, rompiéndose en varios pedazos sobre el mármol brillante.
El sonido seco del impacto retumbó en toda la mansión.
Pero ni siquiera eso logró disminuir la furia que la consumía.
Su respiración era errática.
Violenta.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas de rabia y humillación.
Porque aquella fotografía no solo mostraba un beso.
Mostraba algo mucho peor.