El apodo quedó suspendido en el aire.
Pequeña.
Una palabra sencilla.
Suave.
Pero cargada de una intimidad que hizo que el corazón de Esmeralda se estremeciera dentro de su pecho.
Porque Emilio jamás hablaba así.
Siempre era firme.
Controlado.
Imponente.
Y escuchar aquella ternura masculina saliendo de sus labios la desarmó por completo.
Esmeralda bajó la mirada inmediatamente, incapaz de sostener la intensidad de aquellos ojos verdes.
El calor subió lentamente por su cuello hasta teñir sus meji