El aroma del ajo, la mantequilla y el vino blanco llenaba lentamente cada rincón de la “Estrella del Alba”.
La cocina, iluminada por luces cálidas y por el reflejo distante de Aurelia a través de los ventanales, parecía una escena suspendida fuera del tiempo.
Esmeralda seguía concentrada frente a la estufa, removiendo la pasta con movimientos suaves y precisos.
No escuchó cuando Emilio dejó la sala.
No escuchó sus pasos acercándose lentamente.
Y quizás fue mejor así.
Porque Emilio necesitaba es