El silencio dentro de “Aura” era tan espeso que parecía imposible respirar.
Nadie se movía.
Nadie hablaba.
Toda la boutique había quedado congelada después de escuchar a Emilio revelar que la plaza completa le pertenecía.
Caricia seguía inmóvil en medio del salón privado, intentando procesar la humillación que acababa de recibir.
Porque aquello no era solamente perder un vestido.
Era mucho peor.
Era descubrir que