~ALESSIA~
La reja de acero se cerró detrás de nosotros con un golpe estruendoso que rebotó en las paredes devolviendo un sonido seco y pesado. Gio, pálido y sudoroso, levantó la cabeza y nos miró.
Seguía de rodillas en el centro de la celda, con las manos atadas detrás de la espalda y la camisa pegada al cuerpo por la sangre que seguía saliéndole del costado. La explosión de Leonid lo había dejado peor de lo que él mismo quería admitir y, aun así, seguía manteniendo esa maldita mirada desaf