~ALESSIA~
Gio cayó a cuatro patas sobre el húmedo y sucio suelo de concreto de uno de los calabozos de la mansión Cardinale cuando Paolo lo empujó bruscamente hacia adentro. Se llevó una mano al costado y, gruñendo de dolor, se apretó la herida. La sangre no tardó en empaparle la camisa y la mano.
Con una mueca de rabia que le desfiguró el rostro, Gio alzó la cabeza y me buscó con la mirada.
—Te vas a arrepentir de esto, maldita gorda de mierda.
Esbocé una sonrisa cargada de suficiencia y leva