Margaret recibió la llamada de Richard el domingo a las seis de la tarde mientras cenaba sola en la mansión.
Sola porque Thomas estaba muerto. Sola porque Camilo estaba en Vermont buscando a una mujer que no quería ser encontrada. Sola porque Camila acababa de perder a sus hijos hacía cuatro horas y no había llamado a su madre sino a su hermano, lo cual decía todo sobre las prioridades de su hija.
El teléfono vibró sobre la mesa del comedor, al lado del plato de sopa que el chef le había servid