Richard llevaba el sobre manila del detective en el maletero del coche desde hacía tres días.
No porque no hubiera tenido tiempo de abrirlo. Porque no había tenido valor. Tres días con un sobre que pesaba doscientos gramos y que contenía lo que probablemente era la destrucción de su matrimonio, metido entre la rueda de repuesto y el kit de emergencia como si esconderlo debajo de herramientas fuera lo mismo que hacer que no existiera.
El viernes a las dos de la tarde, después de cancelar tres re