CAPÍTULO 63

Raúl no durmió esa noche.

Se quedó en su apartamento con la libreta abierta sobre la mesa de la cocina y una lista de sospechosos que Camilo le había pedido investigar: Isabella Cortés, empleados despedidos, proveedores cancelados, competidores de Lincoln Enterprises. Una lista razonable, lógica, que cubría todos los frentes.

Todos menos el que importaba.

Porque Raúl llevaba once años trabajando

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