CAPÍTULO 51

Margaret esperó dos días.

Dos días para repetir los análisis, recibir la confirmación y aceptar que la ciencia no tenía la decencia de equivocarse. Dos días para preparar la conversación que iba a tener con su hija, eligiendo cada palabra como quien carga una pistola: con cuidado, sin prisa, sabiendo que una vez que aprietas el gatillo no hay vuelta atrás.

El viernes a las tres de la tarde llamó

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