Mundo ficciónIniciar sesiónMargaret esperó dos días.
Dos días para repetir los análisis, recibir la confirmación y aceptar que la ciencia no tenía la decencia de equivocarse. Dos días para preparar la conversación que iba a tener con su hija, eligiendo cada palabra como quien carga una pistola: con cuidado, sin prisa, sabiendo que una vez que aprietas el gatillo no hay vuelta atrás.
El viernes a las tres de la tarde llamó







