MISION HERMANITO (II)
La habitación olía a sexo y piel caliente. Lucy jadeaba sobre las sábanas arrugadas, con la tanga negra aún enganchada en un muslo y los pechos libres, oscilando con cada movimiento. Eros la tenía de lado, un brazo enredado en su cintura mientras su cadera chocaba con sus nalgas con un ritmo que hacía crujir el colchón.
—Así... así de bien me aprietas, mi vida —gruñó, hundiendo los dedos en su carne mientras la empujaba más fuerte—. Este coño se hizo para mí.
Lucy arqueó l