32. No hay nadie en quien confiar
—¡Te he dicho que te vayas!
—Y yo te he dicho que no me iré.
Angelina se detiene al oírlo.
Nada ha cambiado, todo sigue igual. Esa burbuja en donde sólo ellos dos imaginaba una vida sin resentimiento se esfumó.
Ésta es la realidad. Y Angelina se está cansando de vivir en ésta realidad.
Desesperada por la rabia se detiene frente a él y lo señala.
—No voy a estar en el mismo techo que tú. En el techo de un mentiroso que sólo quiere darme órdenes como un perro.
—¿Y qué es lo que quieres? —Gianca