31. Deseo corrompido
Desde el instante en que vio a Giancarlo por primera vez experimentó sensaciones nunca antes percibidas. Algo en él encendió en su cuerpo lo que no se le tenía permitido: deseo.
Un hombre como él sólo estaba en su imaginación cumpliendo las más oscuras fantasías.
Son fuego y agua. Son viento y marea. Ya no hay reglas que les digan a ambos que lo que hacen está mal. ¿Y por qué habría que estar mal? Él le había preguntado de quién era y ella contestó que suya. Ella le había preguntado de quién