Llevábamos ya un mes en la Toscana y no sabía nada ni de mi madre ni de mi nana, cogi mi bolso y busqué mi teléfono dentro, viendo que no lo tenía. Pensando que Roy lo podía haber cogido, me marché del salon, hacia el exterior de la casa, para buscarle, viendo que estaba en el garage hablando con el chofer, me acerque a ellos, saludandome los dos hombres, mirándonos fijamente Roy y yo
— ¿Podemos hablar un momento? – le pregunté a Roy
— Dime que te sucede, no tengo secretos con mi chofer — me re