El silencio no se rompió.
Se extendió.
Pesado.
Intenso.
Tres personas.
Una habitación.
Y de repente…
Nadie tenía el control.
Luca estaba junto a la puerta.
Inmóvil.
Sereno.
Pero el aire a su alrededor se sentía… diferente.
Más oscuro.
Adrián no se movió.
No retrocedió.
Su mirada se clavó en Luca con silenciosa resistencia.
—No puedes entrar aquí y hacer afirmaciones —dijo Adrián.
Su voz era controlada.
Pero bajo ella…
Había algo nuevo.
Un desafío.
Luca no respondió de inmediato.
En cambio…
Dio