Victoria ya no hacía preguntas.
Así lo sabía Adrian…
Las cosas habían empeorado.
Se acabaron las observaciones silenciosas.
Se acabaron las indagaciones cuidadosas.
Solo silencio.
Y distancia.
—Ni siquiera lo intentas —dijo una mañana.
Su voz era tranquila mientras estaba de pie junto a la puerta, vestida para el día.
Perfecta.
Como siempre.
Adrian no levantó la vista de su reloj.
—No sé qué quieres que diga.
Victoria dejó escapar un suspiro.
—Ese es el problema.
Una pausa.
—No quieres decir na