La sala de servidores estaba en silencio.
Oscura.
Oculta bajo capas de seguridad…
Del tipo diseñado para mantener los secretos enterrados.
Elena entró.
Sin dudar.
Sin miedo.
¿Porque el miedo?
Ya lo había superado.
—¿Cuál es el plazo? —preguntó.
Adrian revisó el sistema.
—Seis minutos antes de que detecten una intrusión.
Eso era suficiente.
Tenía que serlo.
—Inícialo —dijo.
Y así,
Lo hicieron.
Los archivos comenzaron a transferirse.
Rápido.
Nombres.
Cuentas.
Operaciones.
Todo lo relacionado con