El silencio no duró mucho.
Nunca duraba.
Porque en este mundo…
Una vez que te notaban…
Ya era demasiado tarde.
Elena lo sintió a la mañana siguiente.
No era miedo.
Algo más agudo.
Conciencia.
De esa que hacía que cada sonido sonara más fuerte.
Cada movimiento, más pesado.
—No dormiste.
La voz de Luca provino de detrás de ella.
No se giró.
—No lo necesitaba.
Una mentira.
Pero no una que él cuestionara.
—Las cosas van a cambiar —dijo.
Su mirada se mantuvo fija en la ventana.
—Ya han cambiado.
Una