No fue ruidoso.
Sin alarmas.
Sin advertencias.
Solo una presencia.
Elena lo sintió antes de verla.
Ese cambio en el aire.
Esa presión silenciosa…
Como si algo hubiera entrado en la habitación…
Y se hubiera adueñado de ella.
«Llegas tarde».
La voz provino de detrás de ella.
Suave.
Tranquila.
Desconocida…
Pero no inesperada.
Elena no se giró de inmediato.
Porque ¿girar demasiado rápido?
Eso sería reaccionar.
Y ya no reaccionó.
Eligió.
«Te tomaste tu tiempo», respondió Elena.
Con voz firme.
Contro