81. La danza del Diablo y la Reina
La noche en Montecarlo parecía una alfombra de diamantes extendida bajo el cielo mediterráneo. La brisa marina soplaba fresca, barriendo el balcón de la suite presidencial donde Bianca estaba de pie. El toque de los labios de Daniel en su cuello aún dejaba un rastro de calor que se extendía hasta la punta de sus pies. El hombre la rodeaba por la cintura de forma posesiva, como si temiera que el viento nocturno se llevara volando a su esposa.
—Daniel —susurró Bianca en voz baja. Su corazón latía