161. El llamado a la guarida del león
El aire en el pasillo del hospital se sentía sumamente gélido. Bianca se quedó petrificada, mirando fijamente el rostro de Kenzo. El corazón le latía desbocado, golpeando con fuerza contra su pecho. La amenaza de Vittoria era algo que, sinceramente, jamás había previsto. Esa mujer había tenido la osadía de desafiarla de manera directa.
—¿Vittoria ha tomado a mi suegra como rehén? —preguntó Bianca en voz baja. Dejó la botella de agua mineral sobre una silla vacía—. Creí que ambas habían estado t