153. Un traidor a la puerta
Un frío glacial volvió a colarse en el dormitorio principal. La respiración de Bianca se atascó en su garganta. Sus ojos se clavaron intensamente en el rostro de Daniel. La mandíbula de su marido se tensó con brutalidad. Las venas de su cuello se marcaron, conteniendo una ira a punto de estallar.
—Averigua quién es esa persona ahora mismo, Kenzo —ordenó Daniel; su voz de barítono resonó con una agudeza tajante. El hombre no aflojó en ningún momento el abrazo sobre el cuerpo de Bianca.
—Camilla