124. Invitación a desayunar con la muerte
Bianca miraba la pantalla del teléfono sin pestañear. El nombre «Isabella» fue como un martillazo de hierro en su cabeza. De repente, el aire en la habitación principal se volvió muy escaso. Se giró lentamente para mirar a su marido. El rostro de Daniel estaba tan pálido como el papel. Los ojos negros del hombre estaban desorbitados, reflejando una sorpresa inmensa.
—Esto es imposible —susurró Daniel con voz ronca. La mano del hombre temblaba ligeramente al tomar el teléfono de las manos de Bia