Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire se desgarró con el rugido de los motores alienígenas cuando Valentina emergió de entre los restos humeantes de las dos naves que había derribado. Su figura se recortaba contra el humo negro que ascendía hacia el cielo de Ginebra, pero algo había cambiado fundamentalmente en ella. La energía azul que había empleado para destruir las naves seguía crepitando débilmente alrededor de sus manos, como electricidad residual que se negaba a extinguirse.
Los Primeros que observaban desde sus naves restantes mantuvieron un silencio que resultaba más inquietante que cualquier grito de guerra. Valentina había hecho algo que ninguno de ellos había presenciado antes: una humana había manifestado una habilidad que trascendía las limitaciones de su especie. No era tecnología. No era modificación genética. Era evolución pura, acelerada por circunstancias







