Mundo de ficçãoIniciar sessãoMei sostenía el código maestro como si fuera una serpiente venenosa que podría morderla en cualquier momento. La pantalla parpadeaba con números que representaban doscientas mil vidas programadas para la destrucción, cada dígito un recordatorio de la magnitud imposible de lo que enfrentaban. El silencio en la sala se había vuelto tan denso que parecía tener peso físico, aplastando cualquier esperanza que pudieran haber albergado de encontrar una solución simple.
—Las opciones son limitadas —murmuró Elena, sus dedos danzando sobre el teclado mientras intentaba descifrar los protocolos de seguridad—. Podemos intentar desactivar las bombas una por una, pero el proceso tomaría semanas. O podemos detonar el código maestro y eliminar la amenaza de raíz.
—Lo que significa genocidio —añadió Sarah con voz plana—. Doscientas mil pers







